Hace muchos, muchos años habían 9 soles en el cielo que hacían imposible la vida en la tierra. Los hombres, los animales y las plantas morían de calor y sed. El Emperador de Jade, muy preocupado, no sabía que hacer. Él y sus consejeros decidieron pedir ayuda al mejor arquero que conocían: HOUYI.

El emperador de Jade le pidió a Houyi que matará a todos los soles, para no tener nunca más problemas. El arquero, uno a uno fue matando a ocho de los nueve soles. Pero cuando iba a matar al noveno, pensó que la vida en la tierra tampoco sería cómoda sin luz. Vivir en la oscuridad y en el frío de la noche no era tampoco bueno. Así que dejó un sol para que el día y la noche se alternaran.

El emperador de Jade estaba tan contento que quiso agradecérselo con un regalo: una pastilla de la inmortalidad. Pero Houyi se la guardó en una caja y se olvidó de ella.

Su esposa Chang´e, atraída por la curiosidad, quiso saber lo que escondía su marido. Así que abrió la caja y se comió la pastilla. De repente empezó a flotar, cada vez más y más alto, hasta que llegó a la luna. Allí conviviría (según algunas leyendas) con el conejo de color de jade, que se dedicaba a machacar hierbas medicinales en busca de una nueva pastilla.

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Houyi estaba desesperado, quería que su mujer regresara. El Emperador de Jade le dijo que había sido castigada de por vida, pero como el amor que sentía hacia ella era tan grande le permitía subir a la luna una vez al año para encontrarse con su amada.

Así, cada año, cuando HOUYI se encuentra con su mujer CHANG´E, las familias chinas se reúnen para contemplar la luna y recordar esta leyenda.

Mientras la contemplan comen pastelillos de luna (que tienen forma redonda) porque simbolizan la unidad familiar y la redondez del astro.

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